Bogotá, Colombia • Viernes, 29 de agosto de 2014

Aceptar los halagos¿Por qué te es tan difícil aceptar los halagos que la gente nos hace?

Se han preguntado alguna vez ¿Por qué te es tan difícil aceptar los halagos que la gente nos hace?, ¿Por qué a veces compramos unos superregalos para alguien, no importando el dinero que valga, y cuando nos antojas de comprar algo, reparamos en el precio? ¿Por qué creemos que no somos capaces de hacer X o Y cosa y contrariamente admiramos a otros profundamente?, ¿Por qué con frecuencia nos sentimos culpables por muchas cosas nuestras y de otros?

Dentro del mar de explicaciones de todo tipo que pueden tener estas y otras preguntas similares, compartimos con Ustedes esta reflexión:

Acostumbrados a darnos “palo”

Sí. Es cierto que estamos acostumbrados a darnos “palo”, es común que nos cueste aceptarnos con virtudes y defectos, es cierto que nos sea más fácil aceptar nuestros defectos y pretender ocultarlos, que aceptar nuestro lado bueno de la personalidad. Por todo esto muchas veces nos cuesta aceptar los halagos que nos dan las personas a través de nuestras relaciones interpersonales. Sin embargo, parte de nuestro crecimiento debe centrarnos en ser moderados al recibir los cumplidos con que nos premian a veces, sin las consabidas zalamerías o demostraciones de cariño afectadas y empalagosas.

Si los halagos son zalameros, sólo se escuchan y en tales circunstancias debemos tener la capacidad y el criterio de no tomarlos en serio, aunque por respeto al otro tengamos que de todas maneras recibirlos o aceptarlos.

Ahora, si son del alma, sin vienen de lo más profundo de quien los emite, es algo que tú percibes y debes saberlos recibir también, debes aprender a apreciarlos y valorarlos en su real sentido y… ¡creer que son ciertos!

Los mandatos parentales

A veces no recibimos halagos bien intencionados porque disfrazamos nuestra actitud de una falsa humildad, quizás porque nos revolcamos en el pasado, en los pretéritos años de cómo fue nuestra crianza… Y aunque eso marca, no tenemos porqué escudarnos en semejantes recuerdos para castigarnos, no ser honestos con nosotros mismos y no querernos un poquito. Así estamos afirmando aquellos mandatos parentales tan molestos que nos han traumatizado la vida y casi herido de muerte la autoestima.

Cuando me refiero a mandatos parentales, hago alusión a cosas que los padres o los mayores nos dicen o dijeron, los cuales grabamos en el inconsciente como verdades absolutas, y que equivocadamente asumimos como normas para regir nuestra vida.

Racionalmente, quizás, todo esto es absurdo. Pero interiormente tenemos otras convicciones y nuestra vida se mueve más por lo que poseemos en la emocionalidad que por lo que hacemos mediante la racionalidad. Si no, no diríamos una cosa y haríamos otra. (En ciencias sociales esto lo llaman representaciones sociales).

En este sentido tenemos una tarea para nuestro crecimiento personal. A trabajar se dijo… A aceptar los halagos y a trabajar en aquellos defectos de carácter que nos llevan a ser menos humanos y espirituales.

Un artículo de Lic. Luz Jeannette Rodríguez C.

Comentarios (0)

Agregar comentario

Compartir en Facebook, Google Bookmarks, Del.ici.us, My Web Yahoo! Agregar página a sus favoritos Enviar a un amigo
Compartir en Facebook Compartir en Google Bookmarks Compartir en del.ico.us Compartir en My Web Yahoo!
¿Cuánto sabe de la historia de Bogotá?

BogotaMiCiudad.com es el portal de los habitantes de Bogotá, Colombia.
Ofrece servicios de proximidad y de información concreta a quien vive o pasa por la capital de Colombia.
Propone una visión positiva y activa sin embargo realista del diario vivir en Bogotá, Colombia.