Mis libros libres... pero yo no
Desde el cautiverio los secuestrados quienes hace nueve diez y hasta once años se encuentran en esta difícil situación, plasman y escriben segundo a segundo, día a día sus pensamientos en los particulares cuadernos y mínimas herramientas que sus captores han tenido la necesidad de facilitar.
Los cautivos tratan de auto ayudarse, de sobrevivir con el fin de que corra el tiempo para no perder su gran capacidad de sentir, de tener motivos, llenando sus cuadernos de infinitos mensajes, de dibujos, de poemas, de canciones, de experiencias de su rutinaria cotidianidad, apreciando hasta lo más sencillo de la naturaleza y, lo más importante, creciendo como seres humanos desde el dolor que produce el encierro involuntario, dedicándose a aprender otro idioma en el cautiverio y poder seguir desarrollando aptitudes y actitudes que, aún desde la selva han perfeccionado.
Copía de un poema del Mayor Duarte
(cuaderno recibido en el 2002)
Quién lo creyera y qué valentía la que profesan; ellos, desde las tinieblas escriben esperando la luz, con el objeto de no perderse en el mar del olvido mental que el doloroso flagelo del secuestro impone. Pareciera que tanto la sociedad como muchos dirigentes creyeran que los secuestrados solo son visibles cuando ven la necesidad de un motivo para sentirlos como suyos. Son importantes para lograr intereses de alguna índole. Pero de humanidad, de dolor….se podría decir que casi nada.
Este segmento es dedicado a ellos, a los secuestrados, a lo importantes que son para el mundo, a sus habilidades desarrolladas, ejemplo para muchos, pero más aún debe ser dedicado a quienes se encuentran en libertad, para que apoyen y luchen por quienes la extraviaron injustamente, haciendo énfasis en la reflexión de que aunque se encuentren secuestrados, sus capacidades intelectuales, de pensar, de sentir, podrán estar limitadas pero no cautivas.
En el 2002, el Mayor Edgar Yesid Duarte Valero, privado de su libertad desde el 14 de octubre de 1.998 y todavía secuestrado, envió a la libertad sus cuadernos escritos, con algún compañero suyo quien gracias a la vida el grupo de las FARC dejó libre, más algunas de sus pertenencias, aún con aroma a selva y a humedad, reflejando la dramática historia que perdura en la oscuridad.
Copía de un dibujo del Mayor Duarte
(cuaderno recibido en el 2002)
Sus cuadernos poblados de dibujos, de poemas, de escritos hacen parte de su intimidad en cautiverio. Desafortunadamente no lo acompañan en este momento, porque las injusticias del conflicto y la falta de compromiso de algunos, así como la impotencia de otros, no han permitido regresarle la vida suspendida, para hacerle compañía a su tan preciado tesoro.
Sus escritos tan enriquecidos con palabras, con frases, con temas que surgieron desde lo más profundo de su corazón y desde su sencillez, se convirtieron en el incentivo para hacerse entender y darse a la idea que la libertad mental, la que se lleva en el alma, jamás nada ni nadie podrá arrebatar.
Es triste saber y difícil comprender porqué si sus tres cuadernos se encuentran ahora en libertad hace seis años, su autor continúa secuestrado, su gestor sigue privado de vivir, de soñar y de ser libre para por fin gritar: “Ahora sí; ahora somos todos libres, mis compañeros, mis libros… y yo.”
Es para ti Edgar…Y como tú lo dices:
¿Porqué cortar su camino progresivo, si con su vuelo jamás atropelló a alguien?
Recuerda que la vida y la libertad hacen esperar, pero llegan.
Un artículo de Susy Abitbol Arenas
con la colaboración del equipo de BogotaMiCiudad.com.