Madres adolescentes
1. Una problemática que nos concierne a todos
Aunque nos parezca sorprendente, este tema no es exclusivo de nuestros países. Durante 1990, el 12.5% de los nacimientos corresponden a madres menores de 18 años. Se calcula que a los veinte años, el 40% de las mujeres blancas y el 63% de las mujeres negras habrán experimentado por lo menos un embarazo.
El 17.5% de las adolescentes vive una maternidad temprana
En nuestro país los datos nos indican que las niñas empiezan su sexualidad alrededor de los 16 años, edad que coincide con la de la primera gestación. Queda claro entonces, que a pesar de todo, algunos mitos, como que en la primera relación no hay riesgo de embarazo, siguen vigentes. Entre los adolescentes que mantienen relaciones sexuales aproximadamente un 17.5% vive una maternidad temprana. De ese porcentaje un 44% cursa estudios secundarios, un 18% estudian primaria o están en la universidad y tan solo un 8% no tiene ningún tipo de escolaridad.
En cuanto al estado civil de las madres más jóvenes, encontramos que un 65% son solteras, un 25% vive un unión libre y un 10% tiene un vínculo matrimonial. En la mayoría de los casos, las mujeres han tenido, o tienen un solo compañero sexual, que es el mismo padre del bebé. Tan solo en casos de chicas con antecedentes de drogadicción y prostitución, el número de compañeros se eleva a tres.
Lo sorprendente, en tiempos de educación sexual y sexo sin tabúes, es que un 32% de los jóvenes que han llegado a Profamilia no utilizan ningún método anticonceptivo, solo un 26% utiliza condón. Métodos tradicionales como el ritmo y el coito interrumpido siguen teniendo mucha acogida entre los muchachos, que dependen más de la suerte que de la verdadera eficacia de estos métodos. Alrededor de los anticonceptivos hormonales siguen existiendo falsas creencias y mitos que impiden un uso regular de la píldora.
Una problemática que afecta a todas las clases sociales
Aunque un número mayor de casos se registra en niveles socioculturales bajos, esta es una problemática que afecta a jóvenes de la gama social. La diferencia estriba en que para las familias con posibilidades económicas, un embarazo inesperado no cambia trascendentalmente la vida del grupo familiar. La niña seguirá estudiando, la señora del servicio tendrá que hacer un poco más de oficio, y los padres seguirán trabajando para mantener una familia con bebé a bordo. Esta no es la suerte de la mayoría de las adolescentes, que ante un embarazo no tienen otra opción que asumir el maltrato familiar, casarse si es que pueden y quieren, o entrar a hacer parte de la explotada fuerza laboral de nuestras ciudades. Todo eso con el impacto psicológico y social que mamá y bebé puedan sufrir en una situación tan difícil.
Es importante anotar que a nivel físico las madres adolescentes afrontan más riesgos de salud que aquellas mujeres que tienen hijos después de los veinte. Hemorragias, anemia, hipertensión, aborto y nacimiento prematuro son algunos de los riesgos que rondan a las madres adolescentes. Para los bebés el panorama no es mejor. Los hijos de madres muy jóvenes tienen más riesgos de ser prematuros, y el riesgo de muerte antes de los cinco años aumenta en un 28% frente a los hijos de mujeres entre los 20 y los 29 años.
Una serie de artículos de Patricia Ayala