Madres adolescentes
5. ¿Cómo hablar de sexo con su adolescente?
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Es hora pues, de unir teoría y práctica para el bienestar y el goce de hombres y mujeres. Responsabilidad y libertad son dos nociones claves sobre las que hay que afirmarse cuando hablamos de comportamientos sexuales. La educación sexual no debe remitirse a la enseñanza de los órganos del aparato reproductor, sino que debe ser más una cátedra de vida y de diálogo entre generaciones, visiones y opciones... es una tarea que corresponde tanto a los adultos como a los jóvenes mismos, y por qué no, a los niños que encarnan las futuras generaciones.
Un mar de informaciones que cree la confusión
Cada vez parece más difícil la tarea de abordar el tema de la sexualidad con los adolescentes. A pesar de estar metidos de lleno en la era de la información y en un mundo donde los medios masivos se han encargado de descorrer antiguos velos y tabúes, hablar de sexo con ellos sigue siendo un punto de quiebre para padres y maestros. Quizá, precisamente, porque ya no estamos en épocas de silencio, cuando se llegaba con los ojos vendados a las relaciones sexuales y todo alrededor del tema olía a pecado.
Sin embargo, el bombardeo propio de los medios masivos de comunicación ha generado una confusión que en últimas deja a los jóvenes casi en las mismas frente a su sexualidad. Los saberes son tantos y de tantas fuentes que los adolescentes se ven sumergidos en un mar de informaciones diversas y contradictorias sin orientación suficiente para saber por donde empezar a nadar. El colegio, el hogar, la televisión y los amigos se convierten en polos que emiten su versión propia y particular.
Dos errores muy comunes
Parece ser que son dos los errores más comunes, cometidos por los padres a la hora de abordar el diálogo sobre este tema:
- Se llega tarde. Cuando los padres, él o ella, se acercan a su hijo o hija para abordar el quisquilloso tema, sintiéndose iluminadores y conocedores dispuestos a cumplir su misión de guías, se estrellan con un muchacho al que ya le han pasado todas las cosas que sus padres pretenden advertir. Los padres pocas veces saben identificar el momento oportuno para hablar. Siempre llegan tarde porque se niegan a aceptar que sus hijos han crecido y que desde siempre han tenido inquietudes frente al sexo. Lo mejor sería que desde la infancia papás y mamás se fueran enredando en ese proceso de diálogo permanente, y sobre todo de comunicación, a todos los niveles con sus hijos. El “sentarse a hablar” de un momento a otro sin más, de por sí, genera tensiones e incomodidades en ambas partes. La confianza no se consigue con magistrales charlas ocasionales, sino con un proceso de interacción, de interés permanente y mutuo en esas transformaciones diarias, cotidianas y a veces, fácilmente imperceptibles.
- Las inquietudes son diferentes. La urgencia de hablar se presenta en los padres, generalmente, cuando encuentran un referente cercano con el que sienten identidad y les genera temores. Es decir, cuando la hija del vecino queda embarazada o cuando ven en la televisión un “escalofriante” programa sobre el sida. A los padres les inquieta los riesgos, llámense embarazos, aberraciones o enfermedades. A los chicos les inquieta otro tipo de cosas, aunque en algunos puntos coinciden. Cómo funcionará su cuerpo, hará lo que tiene que hacer, cuantas veces, cómo, dónde y con quién, son los cuestionamientos que más acuden a las mentes juveniles. Se conjugan los afectos y los impulsos del cuerpo, la curiosidad, la necesidad de crecer...
Demasiado jóvenes y demasiado adultos a la vez
Quizá, uno de los errores más comunes es que los padres siempre ven demasiado pequeños a sus hijos. Demasiado niños para el sexo, para el amor, para las decisiones, para las responsabilidades, para los preservativos... y en el momento de afrontar los embarazos precoces o las enfermedades recae sobre ellos, los padres, un sentimiento de culpa, pues sigue prevaleciendo su actitud de asumir todo por sus hijos. Invariablemente siguen tratando a sus hijos como niños pequeños.
El adolescente, en cambio, se sentirá siempre preparado y listo para lo que sea. En esa necesidad de crecer y obtener el reconocimiento de su adultez se lanzan a asumir responsabilidades que no tienen dimensionadas ni calculadas, es decir de las que no tienen plena conciencia.
La orientación sexual de los hijos no es un asunto que hay que asumir cuando les llega la adolescencia, es un proceso que empieza desde el asumir la sexualidad propia sana y concienzudamente. El proyectar tranquilidad, el eliminar temas tabúes, el dialogar frecuentemente, de tú a tú, no de experimentado a inexperto sobre el tema, es una construcción diaria que debe estar animada por el amor.
FIN DE LA SERIE
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Una serie de artículos de Patricia Ayala